Relato HOT para Amy - Mirada de Musa
654
post-template-default,single,single-post,postid-654,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,hide_top_bar_on_mobile_header,qode-content-sidebar-responsive,columns-4,qode-theme-ver-10.1.2,wpb-js-composer js-comp-ver-5.1,vc_responsive

Relato HOT para Amy

Antes de comenzar con la lectura de este relato breve, me gustaría comentaros que lo he hecho.
-¿Lo del relato?
– ¡No! (aunque me gustaría)
He salido de mi zona de confort como escritora y he utilizado en este relato palabras y situaciones con las que no me siento del todo cómoda. Pero oye, lo he conseguido, he salido indemne y además el propósito de este relato era hacer feliz a una buena amiga y según su crítica LO HE CONSEGUIDO. Aquí os lo dejo para que lo disfrutéis.

Me he levantado esta mañana sin ilusión alguna. Ahora cuando atravieso el parque camino del trabajo con un café en la mano derecha, el único calor que siento procede de la bebida que sostengo, mi droga matutina socialmente aceptada. Mientras oigo mis tacones y el eco de los mismos sobre la piedra fría, sigo pensando en mi falta de “no sé qué”, ¿chispa quizá?. Suspiro mientras entro por la puerta de la oficina, saludo a los pocos madrugadores preguntándome si habría sido feliz con un trabajo menos mecánico, algo más creativo quizás. ¡Otro “quizás”! Más me vale ir despertando Amy, me reprendo mentalmente.
Después de una dura jornada de trabajo, una amiga me contesta un whatsapp, por fin se ha decidido ir al gimnasio de moda en el barrio. Queríamos haber ido juntas hace dos semanas pero no pudo ser, y ahora la agenda se le ha despejado de repente, no estoy convencida de ir pero igualmente acepto, no tengo otra cosa mejor que hacer una vez salga de mi “mecánico” trabajo.
Me cambio en el vestuario del gimnasio donde huele a una fragancia muy femenina y hay toallas suaves y blancas por doquier. Mi amiga se retrasa, pero me han dejado entrar a cotillear mientras. Me desnudo, no hay nadie en el vestuario, algo raro. me coloco los pantalones ajustados realzando culo, las zapatillas para fitness regalo de cumpleaños, el top sexy combinando con las zapatillas. Hago una coleta improvisada con mi pelo rizado y dejo el bolso en la taquilla más cercana. Justo cuando he terminado oigo mi nombre en boca de un “tremendamente, tremendo” entrenador personal. Calculo que tiene mi edad, y el mismo repaso que le estoy haciendo a él, me lo devuelve con una sonrisa pícara.
– Bueno Amy, y ¿qué estás interesada en tonificar?
¿Yo? Estoy ahora mismo muy interesada en tonificarte a tí, en mi cama y a ser posible toda la noche. ¡Amy que te pierdes, estás muy salida pero ahora CONCENTRACIÓN!
– Emm, nada en particular. Me interesa hacer alguna actividad deportiva donde pueda escuchar buena música.
Me guía seguro de sí mismo, con ese cuerpo ya le vale, hacia unas escaleras por las que subimos, y sigo pendiente de su culo ¡Por Dios qué culo más perfecto!…
– …y podemos continuar después de la elíptica y algo de running en cinta con peso en brazos, hay unas tablas que están muy bien…
– Perdona, pero no tenéis algo más…-¿cómo lo explico?- ¡Ah! sí nada mecánico, ¿unas clases de zumba quizás?
Se queda un poco perplejo al principio, pero me indica otra dirección de este laberíntico gimnasio fantasma y me lleva hacia un tatami más grande que mi casa con todas sus habitaciones donde otro cuerpazo de gimnasio está haciendo kit-boxing con tres chicas jovencísimas que no le quitan ojo de encima. Mi “personal trainer madurito” me señala que puedo unirme cuando quiera, pero ya que mi amiga me ha abandonado literalmente, mejor me quedo deleitándome con su culo un rato más.
– ¿Qué clase de trabajo haces aquí? – le pregunto abiertamente, muy directa ¡así soy yo!
– Asesoramiento para entrenar y alguna clase…- me guía de la cintura hacia una esterilla – vamos a hacer unos estiramientos y después me dices qué quieres hacer.- ya sé lo que quiero hacer y quiero hacerlo con él, el dónde me lo estoy pensando seriamente al no encontrar un alma solitaria en este inmenso gimnasio de última moda.
Abro las piernas y bajo su atenta mirada a mi espalda me doblo tocando primero con la punta de los dedos el suelo, después la palma de la mano…
– No tienes problemas de flexibilidad…- le he dejado impresionado, y creo que ha visto cierta parte de mí que…- ¿Alguna lesión? – pregunta interrumpiendo mis pensamientos…
– Ehh, una caida tonta en moto hace bastantes años.
Después de mi respuesta, seguimos estirando músculos, brazos, piernas, tronco… cada vez que me toca me enciende un poco más y lo que me apetece muchísimo es tocar yo también.
– Ven, voy a enseñarte otra parte de las instalaciones.- allá voy – Creo que deberías verlas.
Afirma con voz ronca y rotunda una vez que le he demostrado mi flexibilidad por undécima vez. Le sigo entre máquinas última generación hasta un pasillo y de ahí abre una puerta y me deja pasar como gentil caballero. Cierra con llave tras de mí y veo una luz diferente en su mirada. No me lo pienso dos veces, devoro sus labios como si estos instantes fueran los últimos minutos sobre la tierra y comienza a desnudarme deprisa, igual que mis manos obedecen mis deseos más profundos, descubro su miembro, erecto, con la punta rosada y con escasez de vello, esto me lo voy a comer de primero, segundo y postre, pienso…
De un empujón le siento en un banco que hay a su espalda y me lo meto en la boca saboreando el tacto de su piel, algo de su esencia y también algo que me impide parar, sus gemidos y resoplidos por esta habitación que reverberan en las paredes. Cuando me siento en poder y posesión de este pedazo de hombre, y veo que en el cuello se le está marcando la vena, ceso. No se sorprende, abre los ojos y me mira diciendo “es mi turno nena”, y yo encantada.
Me acerca a su posición de la cadera y rompe mi tanga de un tirón, admiro sus bíceps y la concentración que tiene en la cara. Separa mis labios con la mano derecha, introduce su lengua hasta lo más hondo y ahora soy yo la que arquea la espalda de placer, sabe mover la lengua, y también la mano izquierda que juguetea con mi otro orificio, ese que siempre me ha parecido prohibido, y con el que he disfrutado el doble en alguna ocasión. El calor sigue subiendo, apremio su lengua impulsando su cabeza hacia mi sexo, es un Dios.
Me gira, juguetea con su miembro entre mis labios, me acaricia delicadamente el clítoris, una, dos, tres veces…Y por fin me llena, el eco del gemido que he soltado ha llenado esta habitación. No para sus embestidas, dejando a su paso un vacío placentero al salir para volver a empotrar me contra los azulejos donde mis manos retraen su empuje. Mis pechos se suman a la fiesta cuando sus manos han tomado como apoyo estas cordilleras emblemáticas. Masajea como un profesional. Inesperadamente cambiamos de postura, ahora siento un leve frío en la espalda mientras nos besamos con más lengua de la debida, el sabor de ambos…dios qué placer y sigue follándome como si no hubiera mañana. Estoy llegando al clímax, no pienso avisar, lo que sí hago es contraer los músculos de mi vagina,  y el eco ahora es doble en la habitación. Toco sus brazos, sus abdominales, los pectorales turgentes y bien definidos ignorando el resto de la sala. El calor se concentra, al penetrarme su miembro roza el clítoris y con la tercera embestida me deshago, caigo en el placer físico encontrando mi chispa, mi plenitud, mi orgasmo. Oigo como en segundo plano sus resoplidos y el paulatino retroceso de sus embestidas. Apoya su frente contra la mía.
– Amy, me encanta follarte en lugares nuevos.
– Cariño, a mí también me encanta follarte en lugares sorprendentes.
– Este jueguecito es perverso hasta para tí.
– ¿Pero qué dices? Adoro que seas un desconocido cada vez…eso nos da un poco de alegría…
No Comments

Post A Comment