Duck's Day - Día Patoso - Mirada de Musa
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Duck's Day – Día Patoso

–   Sí  lo reconozco, yo he tenido uno de esos días…

Dicen que el primer paso es reconocerlo, y ahí lo digo por escrito. Creo que sabes qué clase de día te hablo, pero mejor será empezar por el principio y explicarlo desde cero, quizás así pueda darle algo de sentido.

Este Duck’s day, comienza como otro día cualquiera y  a medida que “la mala suerte” te encuentra cada vez con más coincidencia, te das cuenta que es uno de estos días. A mí, por ejemplo, suele ocurrirme descubrir un Duck’s day, el día más inesperado, de la semana más complicada y por supuesto, del peor mes.

Te levantas temprano y las sábanas pueden no pegársete, que vas a llegar tarde. El vestido tan bonito que te pusiste esta mañana, y tan bien combinado con ese pañuelo que te encanta, se convierte en algo no adecuado. Pero como dice nuestro amigo Murphy y sus leyes…”si puede empeorar…lo hará y en el peor momento posible” así que hay que prepararse, porque en ese estilo tan bien combinado le añades una mancha de café, ¡ya estás lista!

Una vez asumido que va a ser un Duck’s day, sacas pecho, respiras hondo y ya poco puedes hacer para remediar tu estado, podemos  intentar con todos los medios a nuestro alcance lograr el objetivo marcado (os recuerdo que es el peor día, de la peor semana y del peor mes). Yo acabo consiguiéndolo, no sin dar un par de vueltas hasta llegar a la meta, pero lo hago al fin y al cabo todavía no me ha ganado un Duck’s day. Me ha escondido las llaves eso sí, me ha hecho un arañazo al coche eso también, me ha hecho olvidar una llamada a mi madre, porsupuesto. Pero nunca hay que perder de vista un objetivo, “la misión es lo primero”.

Otra advertencia para este tipo de “días”, cuando crees que se ha terminado…te sobresalta con algo nuevo haciéndote creer que has perdido algo valioso (¡no el paraguas otra vez, no!), y te volverás loca rebuscando entre tus pertenencias al estilo “ladrón de casas”, maldiciendo al “gamusino” para luego encontrar esa pertenencia valiosa en el lugar más obvio. En esos casos recita conmigo:

–   Si es un león, me come.

Es automático, el desahogo comienza a invadirte a la misma vez que una risa entre histérica y nerviosa. En mi caso subo el sonido de esta carcajada espantando lo que queda de día, pensando que este nombre con el que lo he bautizado le resta importancia a mis malestares y que en definitiva…mañana saldrá el sol, y yo volveré a reírme de mis patosidades (que son bastantes, ya os contaré), olvidando si puede ser un Duck’s day.

Podéis encontrar más referencias a este tipo de día en la Trilogía Rose y David: Transición, Ilusión y Decisión

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