Clase hoy de Fitness - Mirada de Musa
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Clase hoy de Fitness

Miro el reloj, las 19:03 y me queda aún por subir la cuesta  que me lleva hasta el gimnasio. Adele sigue cantándome a pleno pulmón “hello” mientras mi mente me tienta a ver si en los últimos minutos agarro el dos y me vuelvo a casa. La voluntad contra ataca, llevo puestas mis zapatillas de deporte nuevas, esas que he conseguido por menos de la mitad de lo que valen en rebajas, y voy a probarlas hoy otra vez.  Así que voy a clase de fitness y punto, determinación activada sin vuelta atrás.

Cuando paso la tarjeta por el lector de la puerta y el sofocante calor mezclado con cloro me invade las fosas nasales, me doy cuenta, ya me siento un poco mejor de lo que llevo el día,  he llegado a mi rincón anti-estrés. Aquí no se permiten reuniones, comentarios del tipo “el correo no funciona”,  ni clientes que se hacen los tontos y luego son controladores (la peor mezcla), tampoco si el clima se decanta por lluvia o niebla… Ahí fuera parece que todo me molesta, pero no aquí. El lado positivo de las cosas regresa poco a poco, pues se me ha escapado a eso de las 11:30 de la mañana cuando por falta de coordinación me he tirado el café encima al tropezar conmigo misma, pero tengo la intención de recuperarlo (el lado positivo y la coordinación) antes de dar por finalizado el día.

Me reprendo mentalmente, paso de recuerdos, la clase ha empezado ya. Las líneas desiguales de step con la profesora en lugar preferente me deja claro que quedan pocos lugares libres. Echo en falta a una compañera de la cual a veces me guío en clases como ésta y coloco un step que lleve todas las sujeciones puestas en un lugar no del todo alejado. Por suerte reconozco los pasos de calentamiento y enseguida me uno imitando a mi estupenda profesora. Es un sentimiento extraño, adoro a esta mujer es inteligente, madre, profesional y lo que más me intriga “imaginativa total” además de tener un cuerpo increíble, pero hay muchas veces que la odio (puede que sea envidia). Ya recuerdo por qué vengo, ¡Ah sí! Yo dentro de 10 años quiero estar como ella, y si puede ser antes mejor… Sigo la coreografía y ahora entiendo ese otro sentimiento hacia ella, ¡Dios como la mataba!, giros imposibles, piruetas extrañas y por si fuera poco, ¡al ritmo de la música!

Pasan los minutos al igual que el sudor se va haciendo presente, no me estoy concentrando nada. He venido para dejar la mente en blanco, disfrutar dando caña a mi cuerpo de oficina y por supuesto a echar unas risas, y por ahora todo eso brilla por su ausencia. Me miro en el espejo, pocas veces lo hago, con mirar a la profesora para no perder el hilo siempre tengo de más, pero miro. No es mi mejor momento del día, sonrío cuando me sale el baile de seguido la primera vez, y ahora viene lo bueno. Ella, mi profesora, hace esa seña que indica lo que yo llamo “Matrix”, cuando crees haberte enterado y te sale más o menos bien, te cambia el guión, le da la vuelta a la pierna y tienes que hacer lo mismo, pero a izquierdas… ¡Yo la mato y la remato! Pienso, pero acto seguido mi mente desconecta para poner atención al cuerpo, es difícil dirigir todas tus extremidades mientras estás pensando en otra cosa, y en ese instante entran por mis oídos otro temazo de Kate Perry “Dark Horse”. Sigo el ritmo, no me pierdo, acierto los pasos sin estrellarme y me miro de nuevo en el espejo, ¡increíble! Además de todo esto ¡estoy cantando la letra de la canción! Y por fin un atisbo de la razón principal para venir: SONRÍO, dejo que ensanche mis labios y me invada esa complicidad con mi cuerpo de felicidad, es fugaz, pero es felicidad. Puede que fueran las endorfinas, mi desconexión con el día “pésimo”, escuchar la música que me gusta o una mezcla de las tres lo que me llevó a tener este momento. ¿Y qué hago ahora? ¡DISFRUTAR!

La clase termina, como todos los días recojo el step, bebo agua y me pongo la sudadera. Me tropiezo con la “diosa perfecta” que vuelve a ser mi profesora después de matarla y rematarla mentalmente, y hago algo que deseaba hacer.

  • Muy buena clase Celia, me ha encantado.

Ella como siempre sonríe, asiente encantada por mis palabras. Doy por terminado el día cuando mis coincidentes sudorosas y locas amigas, me proponen un plan de cañas y caminamos lentamente hacia la puerta.

Objetivo conseguido: ¡Qué bien me siento!

AR2016

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