Arden varias cosas, entre ellas yo - Mirada de Musa
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Arden varias cosas, entre ellas yo

Así es como se titula el capítulo 7 del libro “#11Sonrisas”, y el título nunca cambia, lo que sí me ocurre es emocionarme con cada uno de los párrafos que he escrito y querer añadirle más ¿qué más? Pues todo ese “más” que me hace sentir pasión, alegría y emoción.

Os hago un pequeño resumen para introduciros en este capítulo.

Rose tiene una casa preciosa en un barrio muy cool de Nueva York. No es una casa, es un apartamento que además de vistas impresionantes a Central Park, tiene piscina. ¡Oh esa piscina que de juego da! Imaginaos un cuenco de agua transparente con tonos azules, que dentro del suelo es casi una bañera enorme con el fondo blanco, excepto por un lateral. Y sí, ese lateral da a una altura para mirar en profundidad esta ciudad que nunca duerme. (¿O esa es Las Vegas? Nunca me aclaro)
Pues eso una piscina muy moderna con luz tenue que desde finales de mayo hasta principios de octubre no hace otra cosa que llamarte –a gritos y en susurros-. Mientras Rose está sola en casa, no pasa nada. El hábito de desvestirse nada más llegar de su agotadora jornada de trabajo, y meterse dentro…desnuda…lo hace un pequeño placer de compensación por la vida que ahora lleva, sí he dicho desnuda, pues el edificio está lo suficientemente lejos para que los vecinos de alrededor no la vean, un toque de morbo pues si piensas que alguien se ha comprado un telescopio, unos prismáticos…¡buf!.
Volvemos a Rose, su trabajo es extenuante, pues son más de dos trabajos completamente distintos, para unir dos partes de ella. La creativa y la complaciente que a veces se ha convertido en la parte más macabra. Una escritora pasada a actriz que no puede mantener del todo el equilibrio y ya no sabe si actúa o no, pero mientras tanto, descubre un camino que no es del todo usual para seducir a su “musa” desde hace años. Su compañero de reparto, el famoso modelo David J. Galeck es… el hombre perfecto. Y he dicho perfecto sí, ese tipo de hombre que desprende sensualidad, carisma, saber estar y ese punto serio que nos gusta porque hay que descubrir a partir de sus sonrisas la otra parte, al canalla que juega peligrosamente a amar con el corazón y no con su delicioso y más que fotografiado cuerpo. David debería estar prohibido, con y sin ropa. Y después está el resto de las actuaciones, las caricias, los besos y la química que fluyen en el ambiente, pero sólo delante de las cámaras. ¿O tal vez no solo?

Un día cualquiera, Rose se encuentra con una petición muy extraña de otro de sus compañeros Chris (que tampoco está nada mal) y unos minutos después Jo, su nuevo amigo español en la gran manzana le pide lo mismo. ¿Vivir en mi casa?¿Qué os habéis creído, que tengo un hotel? Para colmo de males – y fantasías lujuriosas – David también vive en el mismo edificio que Chris y Jo, ¿adivinas lo que le pide a Rose? Bueno, evidentemente ella no lo va a rechazar. ¿Por qué siempre dice sí tratándose de David?

Y en esas, cuando Rose y su infinita imaginación se quedan metidas dentro del ascensor con estos tres “tremendamente tremendos”, cierra los ojos respira hondo y en lo único en lo que piensa es en David. Él saliendo de la ducha, él saliendo de la piscina, él sacando los platos para cenar, él sentado en el sofá leyendo… ¡Ahhhhh!
El ascensor se abre, les adjudica una habitación a cada uno y en vez de hacer cama redonda, se recluye en su estudio con la imaginación por bandera y única amiga, hasta que con unos nudillos horas más tarde, alguien llama a la puerta.

David aparece descalzo, con unos pantalones grises de chándal, una camiseta blanca de manga corta cuyo cuello es de pico (¡Oh por favor, el pico no! ¡Me vuelve loca!) y aparte de una sonrisa muy estudiada “tengo un secreto porque puedo” una taza en cada mano.
– ¿Haces un descanso conmigo?
¡Porqué a mí, porqué señor porqué!
Asiento dejando lo que estaba intentando hacer, y le observo. Como siempre, creo que he nacido para capturar la belleza en la esencia de un pestañeo, en la memoria visual que, desde que le conozco en persona, acumulo con tanto placer como dolor. Placer para mi trabajo como escritora, dolor para actuar, ¡maldita sea yo no soy actriz, no finjo nada cuando me ponen delante de la pantalla con él!
Frunce el ceño sentándose al otro lado de mi escritorio victoriano retro pintado de azul turquesa, y deja un cola-cao cerca de mi mano derecha.
-¿Todo bien?- digo bebiendo, estoy transportada a otro universo, uno en el que era feliz con mi abuela y Delia tomando galletas como churros una tarde de otoño.
– ¡Menudo circo! – me extraño, alguna cara puse desde luego – Ahí fuera parece que han montado un recreo.
Me río levemente, puede que David sea con diferencia el más maduro de la casa, pero casi me parece un poco estirado cuando comenta estas cosas. El “británico estirado” como me gusta llamarle cuando discutimos, es su mote. Pero claro yo también tengo otro en comparación “española cabezota” y que conste que a veces me encanta.
– ¿Algo que comentar al servicio de habitaciones? Una almohada extra, más jabón, horario ampliado de la piscina…
¡Oh por Dios Rosa cállate! Según hablaba me lo iba imaginando, recién despertado en su cama ¿cómo será un beso de buenos días?, enjabonándose en la ducha ¿me dejas hacerlo al menos una vez?, nadando desnudo en mi piscina, ¿quizás solo para mis ojos?
Sonríe, de esa otra forma la de “si te pillo”, muy sensual, sexual y arrebatadoramente masculino. Nunca conocí nadie igual, y esta tensión me angustia, me vuelve loca y me está matando lentamente, ¡de agonía!
– Quizás la exclusividad, este “hotel” está casi completo.
Se retira una gota de té negro (su favorito) con el pulgar, pasando el dedo suavemente por su labio inferior y yo me he perdido, he llegado al punto del cual dudo mucho que pueda regresar estando cuerda, o no estando casada y con cuatro hijos suyos, por mí como si intentamos tener un equipo de fútbol, por intententarlo que no quede.
– Deja que los niños se vayan a dormir y montamos la zona VIP exclusiva de adultos.- añado guiñando un ojo.- Creo que ayer me llegó esa ginebra que te gustó el otro día, te hago un combinado.- ¡y lo que tu quieras!

Hasta la próxima!

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